Ribera del Duero
mapa rioja

 

Alicante y sus vinos han resurgido en el panorama vinícola con fuerza en la última década. No obstante, no se puede olvidar que tras el resurgimiento de esta D.O. existe una historia y una experiencia que se remonta a más de 3000 años.

Los pueblos que habitaron nuestra provincia íberos, fenicios, griegos, romanos, árabes y cristianos formaron un crisol de culturas que sin duda ha conformado el carácter de unos caldos de calidad.

Fueron los iberos los que empezaron a cultivar la vid para uso familiar, aunque ya existía anteriormente en forma silvestre. Posiblemente fueron los fenicios quienes en la primera mitad del primer milenio antes de Jesucristo los que introdujeron la vid.

Los romanos fueron grandes cultivadores de este fruto. Hay noticias muy vagas de sus vinos en la baja Edad Media, y parece que hasta las viñas y su producción se sumergen en un pozo oscuro y profundo, propio por otra parte de esta época.

Pero es a partir del siglo XV cuando verdaderamente entran nuestros vinos en la historia documentada.

Fernando el Católico en 1510 prohibió la distribución en Alicante de vinos procedentes de otras tierras.

Todos estos privilegios vienen dados para proteger el vino autóctono ya que la fama de ellos
había traspasado las fronteras; con gran mercado en Inglaterra, Escocia, Flandes y otros lugares de Europa.

Durante los siglos XVII y XVIII continúa con auge la producción de vino alicantino, pero sólo se podía exportar por el puerto de Alicante el producido en su término.

En esos años están en plena producción los de Orihuela, Jijona, Monforte y Novelda, que curiosamente en la actualidad no tienen cultivo de vid de vinificación.

Este monopolio de 1510 se termina en 1756 permitiéndose ya la exportación de vinos procedentes del interior de la provincia, con ciertas limitaciones, y se tiene que esperar hasta el 25 de febrero de 1834 para que la liberación del comercio del vino de la provincia sea total. Y entramos ya en el siglo XIX, siglo de Oro de la producción vitivinícola de Alicante. Prácticamente en este siglo todos los pueblos tenían superficies dedicadas a este cultivo. A mitad de este siglo el Oidium primero y
la filoxera después arrasan los viñedos franceses. Se firma un tratado comercial preferencial con Francia que supone un auge increíble para sus vinos.

Llegaron a tener 93.000 hectáreas. En la actualidad no superan las 15.000 Has. En 1892 se termina el tratado francés y empieza la excedencia y sobreproducción a ser un cáncer en la viticultura alicantina.

Alicante, situada en un área geográfica privilegiada entre la Meseta y el Mediterráneo, y con un clima luminoso y cálido, posee las condiciones naturales para el cultivo de la vid y la elaboración de vinos.

La superficie de viñedo se extiende por 50 municipios de la provincia y se concentra en dos zonas: en el interior, en el entorno de la capital y la cuenca alta y media del Vinalopó y en la comarca de la Marina Alta, al norte junto al mar.

 

Zona de producción: 

Términos municipales de las comarcas Alacantí, Alcoià, Comtat, Alt Vinalopó, y Vinalopó Mitjà.

Términos municipales de la comarca Marina Alta Los parajes de Cantón, Cañada de la Leña, y Macisvenda, de Abanilla (Murcia); Alberquilla, Cañada del Trigo, Raja, Torre del Rico y Zarza de Jumilla (Murcia) y Hoyas y Raspay de Yecla, (Murcia).  

El papel que juega el clima mediterráneo en el desarrollo de la vid es decisivo. Factores como la elevada temperatura media (entre 13ºC y 18ºC, alcanzando en verano máximas entre 30º y 40º), la escasez de lluvias (entre 300 y 500 mm/año), el alto número de horas de insolación (2.500 horas de sol despejado al año), y la menor altitud sobre el nivel del mar determinan la diferenciación de los vinos de Alicante.

En las comarcas del interior el clima mediterráneo recibe influencias continentales por su proximidad a la Meseta, mientras que la zona de la Marina Alta constituye en microclima marítimo que se ve favorecido por la brisa marina.

La producción se asienta sobre un suelo con elevado nivel de caliza, nula o casi nula acumulación de arcilla y escaso nivel orgánico, destacando la riqueza en minerales.

Estos factores edafológicos propician el cultivo de la vid y la obtención de caldos de calidad.

El tiempo y la experiencia de viticultores y elaboradores ha dado lugar a una selección natural de aquellas variedades de uva que demostraban mejores cualidades para la adaptación a la climatología y suelos alicantinos y que al mismo tiempo son capaces de proporcionar vinos de la más alta calidad.

El clima y los suelos de estas tierras son muy propicios para el cultivo de determinadas vides como la tinta Monastrell a la que acompaña la Garnacha Tintorera, la Bobal, la Garnacha Tinta, Merlot, Tempranillo, Pinor Noit y Cabernet Sauvignon, y en blancas la Moscatel romano, la Macabeo, la Airén, la Planta Fina, la Chardonnay y la Merseguera.

 

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